La Religión en España

Religión y Religiosidad Popular

Las Peregrinaciones: El Camino de Santiago.

La religiosidad popular es la del pueblo, la de la gente sencilla que expresa públicamente, con sincera espontaneidad, su fe cristiana, siguiendo tradiciones transmitidas de generación en generación, y que ha ido conformando la vida y las costumbres de todo un pueblo.

La afición de los españoles (especialmente de los andaluces) por los rituales festivo-religiosos teatralizados, hay que encuadrarla en este ámbito. Procesiones y representaciones de Semana Santa, romerías, cabalgatas de reyes magos, representaciones de moros y cristianos, las cruces de mayo, danzas religiosas, peregrinaciones, etc ; tienen su origen en una antigua mezcla de elementos sagrados y profanos que se han ido desarrollando desde tiempos inmemoriales, muchas veces ignorando las reiteradas reglamentaciones y prohibiciones de las instituciones eclesiásticas al respecto. Al final, la Iglesia no ha tenido más remedio que transigir ante estas desviaciones y aceptarlas por temor a una separación definitiva entre la postura del catolicismo oficial y las expresiones de la religiosidad popular.

En este contexto hay que entender el origen de las peregrinaciones también. En especial de la más popular de todas ellas: la que recorre el Camino de Santiago hasta llegar a Compostela. La historia religiosa oficial cuenta que "el Camino de Santiago y la devoción al Apóstol nacieron en los finales del primer milenio de la era cristiana como respuesta a la creencia y fervor popular de que en estos confines de Galicia y de España, en un campo de estrellas, se hallaba la tumba del Apóstol Santiago". Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo, "uno de los predilectos del Señor y el primero en beber su cáliz de martirio", que había realizado su labor evangelizadora en tierras de la Hispania romana (algo bastante cuestionable históricamente) para después morir martirizado en Palestina y ser su cadáver trasladado a Galicia. La historia nos dice otra cosa sobre esos restos encontrados en Compostela. Al parecer corresponderían a otra persona: Prisciliano, obispo de Ávila y de origen gallego, líder espiritual de la perseguida iglesia heterodoxa hispana. El priscilianismo era una tendencia mística de aspecto gnóstico que despertó muchos odios personales pero que tenía muchos seguidores en la España del s. IV. Su influencia permaneció en todas las tierras del occidente peninsular, especialmente en Galicia, donde se enterró su cuerpo, con el de sus seguidores ejecutados con él (fue el primer cristiano muerto a manos de otros cristianos). Consta que allí se les dio sepultura y se los veneró como mártires, al menos durante los siglos siguientes. El cómo el culto a Prisciliano pasó a convertirse en culto a Santiago hay que entenderlo en el contexto de la expansión islámica hasta Europa y la necesidad de encontrar un mito, un símbolo de fe que uniera a los cristianos y les diera fuerza para rechazar al enemigo invasor. La tumba de un santo mártir más la noción ampliamente difundida de que Santiago, nuevo "Dioscuro" cristiano ( los dioscuros eran dioses paganos, una deidad dual relacionada con el trueno y que los campesinos, durante el primer milenio del cristianismo, todavía adoraban) habría predicado en Hispania, hizo que fuera fácil hacer desarrollar una creencia (por parte de la Iglesia y los monarcas de los Reinos cristianos peninsulares) que dará lugar a un fenómeno que va más allá de lo religioso para llegar al terreno de lo sociocultural, histórico o artístico. Además, hay que recordar que la tradición de hacer el Camino de Santiago no es un fenómeno exclusivo que afecta sólo al mito del Apóstol, se enmarca claramente en la clave de las grandes peregrinaciones de la Edad Media (Jerusalén, Roma y Santiago pasarán a ser los tres grandes y competitivos focos de peregrinaciones) y en el entonces sumamente popular culto a las reliquias. Toda la crisis que supuso el final del milenio tuvo este encauzamiento como camino de penitencia y conversión .

En definitiva, el Camino de Santiago reunirá durante siglos a gentes de todas las clases sociales que convivirán en sus diferentes recorridos sin otro bagaje que sus ganas de conocer, dirigidos por la fe y la religiosidad popular. Con el paso de los años y los cambios en las costumbres, no cabe duda de que muchos de los argumentos que motivan a recorrer esta ruta han cambiado. Al margen de los estrictamente religiosos, los de índole deportiva, cultural y ecológica, se unen en estos modernos peregrinos que toman este Camino como lugar de encuentro y de nexo entre culturas.